Ya vuelven las estúpidas cosquillas en el estómago cada vez que nos recuerdo paseando por las calles de Madrid, cogidos de la mano, riendo como dos niños pequeños.
También recuerdo esa vez en la que sonó una canción de los años 80, aquella que nos sabíamos desde la primera hasta la última nota.
Y cuando nos perseguíamos en el Templo de Debod, esquivando a todos esos turistas que nos miraban como si estuviéramos locos. No sé tú, pero yo sí estaba loco, loco por ti.
Ahora que te recuerdo me doy cuenta del gran tesoro que perdí, de que necesito tu risa, tus chistes malos y tus besos de buenos días para seguir adelante.
Cuando te marchaste, enfadada por la puerta, me juré a mi mismo que no pararía hasta que te encontrara, hasta que demostrara lo que verdaderamente sentía por ti.
Y te encontré, pero no sola, estabas con alguien que te perseguía como lo hacía yo, que caminaba contigo por las calles de Madrid como lo solíamos hacer todas las tardes de domingo.
Y en el mismo instante en el que te vi reír, en el que no vi ni una pizca de amor por mí, supe que te habías vuelto a enamorar.
miércoles, 29 de marzo de 2017
domingo, 26 de marzo de 2017
Insomnio
Vuelta hacia la izquierda, miras el reloj y son las dos de la mañana.
Cierras los ojos, piensas en lo que vas hacer mañana, pasado y el fin de semana.
Das otro par de vueltas, boca arriba, boca abajo, te desarropas, tienes frío, te arropas, miras la hora y son las dos y media de la mañana.
Tan solo ha pasado media hora desde que volviste a abrir los ojos.
Deseas dormirte con todos tus fuerzas, te escuecen los ojos, te pican, pero aún así tu mente sigue activa pensando en la discusión con tu amiga y en ese examen que tienes la semana que viene.
Te levantas, vas al baño, bebes agua y deseas con todas tus fuerzas que el tiempo pase rápido y que ya sea la hora de volver a empezar un nuevo día.
Suspiras, resignada, frustrada y no te queda más remedio que meterte en la cama, seguir dándole vueltas a eso que te perturba, deseando que desaparezca de tu cabeza y poder conciliar el sueño de una maldita vez.
Y por fin, cuando consigues sumergirte entre uno de esos preciosos sueños donde siempre te despiertas en el mejor momento, suena el despertador, ya son las siete de la mañana.
Te levantas y vuelves a culpar una vez más al maldito insomnio.
Cierras los ojos, piensas en lo que vas hacer mañana, pasado y el fin de semana.
Das otro par de vueltas, boca arriba, boca abajo, te desarropas, tienes frío, te arropas, miras la hora y son las dos y media de la mañana.
Tan solo ha pasado media hora desde que volviste a abrir los ojos.
Deseas dormirte con todos tus fuerzas, te escuecen los ojos, te pican, pero aún así tu mente sigue activa pensando en la discusión con tu amiga y en ese examen que tienes la semana que viene.
Te levantas, vas al baño, bebes agua y deseas con todas tus fuerzas que el tiempo pase rápido y que ya sea la hora de volver a empezar un nuevo día.
Suspiras, resignada, frustrada y no te queda más remedio que meterte en la cama, seguir dándole vueltas a eso que te perturba, deseando que desaparezca de tu cabeza y poder conciliar el sueño de una maldita vez.
Y por fin, cuando consigues sumergirte entre uno de esos preciosos sueños donde siempre te despiertas en el mejor momento, suena el despertador, ya son las siete de la mañana.
Te levantas y vuelves a culpar una vez más al maldito insomnio.
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