domingo, 26 de marzo de 2017

Insomnio

Vuelta hacia la izquierda, miras el reloj y son las dos de la mañana.
Cierras los ojos, piensas en lo que vas hacer mañana, pasado y el fin de semana.
Das otro par de vueltas, boca arriba, boca abajo, te desarropas, tienes frío, te arropas, miras la hora y son las dos y media de la mañana.
Tan solo ha pasado media hora desde que volviste a abrir los ojos. 
Deseas dormirte con todos tus fuerzas, te escuecen los ojos, te pican, pero aún así tu mente sigue activa pensando en la discusión con tu amiga y en ese examen que tienes la semana que viene. 
Te levantas, vas al baño, bebes agua y deseas con todas tus fuerzas que el tiempo pase rápido y que ya sea la hora de volver a empezar un nuevo día. 
Suspiras, resignada, frustrada y no te queda más remedio que meterte en la cama, seguir dándole vueltas a eso que te perturba, deseando que desaparezca de tu cabeza y poder conciliar el sueño de una maldita vez. 
Y por fin, cuando consigues sumergirte entre uno de esos preciosos sueños donde siempre te despiertas en el mejor momento, suena el despertador, ya son las siete de la mañana.
Te levantas y vuelves a culpar una vez más al maldito insomnio. 



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