Todo empieza,
y es la hostia cuando lo hace.
La ilusión de las primeras veces,
los nervios,
la gente nueva
la inseguridad,
esas ganas de comerte el mundo,
de hacer aquello que quieres y que tanto deseas.
Pero lo bueno no es eterno, y a cambio de esa felicidad, vienen lo peor, el final.
El final de todas esas cosas que algún día empezaste,
de esas cosas que hacían de tu día algo mejor,
las que hacían de ti algo mejor,
esas que desearías volver a hacer algún día.
Y es que al fin y al cabo, son etapas.
Etapas que empiezan y acaban.
Etapas buenas y malas.
Etapas que te marcan.

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