Siempre decimos que las palabras son como puñales,
puñales que te clavan a la espalda sin esperarlo,
que vienen de la persona menos pensada.
Pero más que las palabras,
lo que más duele es lo que viene detrás,
es la decepción.
Decepción por parte de aquello que más querías,
de aquella boca que soltaron esas palabras,
de aquella cara tan conocida y ahora tan extraña.
Y es que la decepción nunca nadie se la espera, y si lo hiciera, no sería decepción.

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